A comparación del estricto aislamiento que está establecido en España o Italia, la flexibilidad que tenemos en Alemania definitivamente no tiene precio, pues a pesar de lo duro que puede llegar a ser a veces, no me imagino que por ejemplo los niños no puedan salir de casa en semanas, en especial si viven en apartamentos sin balcón o terraza.
Cuando comenzó mi segundo embarazo el primer pensamiento que vino a mi cabeza era que no sabría cuando podría volver a montar en bicicleta, no sólo durante el embarazo, también durante el tiempo que fuera necesario para que ella pudiera ir en la sillita trasera de la bici. Hoy finalmente fue el día en el que los 4 salimos a dar un paseo por los pueblos cercanos. 2 horas en las que me sentí realmente feliz, como si nada de lo que está pasando existiera. Incluso me encontré con mi mejor amiga que me comenta que efectivamente no sólo en Alemania estamos bien en estas condiciones, sino que también en los pueblos como el que vivimos en comparación con las ciudades en donde no hay tanto espacio, no se pueden hacer tantas cosas para sentirse un poco liberado.
El clima está además ayudando mucho, pues las temperaturas de 28 grados son super agradables para hacer estos paseos que recargan las baterías. Definitivamente hay porque estar agradecidos. 💖